Este artículo, escrito por José Ignacio Morejón, socio en Ecuador, explora la crisis de los estándares ESG en Estados Unidos y la hiperregulación en la Unión Europea, presentando la oportunidad de evolucionar hacia un enfoque voluntario centrado en el impacto positivo empresarial.
La crisis de los estándares ambientales, sociales y de gobernanza (ESG por sus siglas en inglés): Oportunidad para mirar voluntariamente el impacto positivo empresarial.
En el ámbito de la sostenibilidad empresarial, los estándares ESG han sido un tema de gran debate en los últimos años. Mientras que en los Estados Unidos se observa una crisis de aceptación y aplicación de estos estándares, en la Unión Europea se ha optado por una regulación intensiva que muchos consideran excesiva. Esta paradoja entre la desconfianza en los Estados Unidos y la hiperregulación en la Unión Europea ha generado un escenario complejo para las empresas y los inversores. Esta situación podría ser una oportunidad para evolucionar los estándares ESG hacia la sostenibilidad enfocada en los impactos positivos vinculados a los modelos de negocios de forma voluntaria.
BlackRock, uno de los mayores fondos de inversión del mundo, inicialmente abrazó la ola ESG con gran entusiasmo. Su CEO, Larry Fink, en varias ocasiones destacó la importancia de la sostenibilidad y la responsabilidad social en las inversiones. Sin embargo, en los últimos tiempos, BlackRock ha dado un giro notable, abandonando su rol de embajador ESG al omitir estos principios de su carta anual.
La decisión de BlackRock de alejarse del fervor ESG se debe a varios factores:
- Presión política: En los Estados Unidos, ciertos sectores políticos han criticado fuertemente a las empresas que priorizan los estándares ESG, argumentando que se trata de una agenda política más que de una estrategia empresarial legítima.
- Resultados financieros: La volatilidad económica post-COVID, la inflación y la recesión han hecho que los inversores busquen mayor seguridad y menores riesgos, reduciendo el apetito por inversiones que priorizan la sostenibilidad sobre el rendimiento financiero inmediato.
Fink ha subrayado que, aunque la sostenibilidad es importante, no debe imponerse de manera que comprometa los retornos financieros y la estabilidad económica.
La Unión Europea ha implementado una serie de regulaciones estrictas para garantizar que las empresas cumplan con los estándares ESG. Entre las más destacadas se encuentra la nueva normativa de reportería en sostenibilidad, conocida como la Directiva de Información sobre Sostenibilidad Corporativa (CSRD). Esta normativa obliga a las empresas a proporcionar información detallada sobre sus impactos ambientales, sociales y de gobernanza, ampliando significativamente el alcance y la profundidad de los informes de sostenibilidad.
Aunque la CSRD ha llevado a una mayor transparencia y responsabilidad, también ha generado críticas por ser percibida como excesiva y poco práctica para muchas empresas, especialmente para las pequeñas y medianas empresas (PYME). En un contexto de recesión económica, la sobrecarga de burocracia y papeleo impuesta por esta normativa puede resultar especialmente onerosa. Las PYME, que a menudo ya operan con recursos limitados, pueden encontrar difícil cumplir con los requisitos de reporte exhaustivo sin desviar una cantidad significativa de tiempo y recursos de sus operaciones principales.
Esta situación podría llevar a una reacción negativa, donde las empresas se sientan abrumadas y desincentivadas para adoptar prácticas de sostenibilidad, precisamente en un momento en el que la resiliencia y la eficiencia operativa son cruciales para sobrevivir la recesión económica. Si bien la intención de la CSRD es loable, su implementación necesita ser sensible a las capacidades y necesidades de las PYME para evitar que la normativa se convierta en una barrera en lugar de un catalizador para la sostenibilidad. En resumen, es crucial encontrar un equilibrio que promueva la transparencia y la estabilidad social y ambiental, sin sofocar el dinamismo y la innovación de las pequeñas y medianas empresas.
La pandemia de COVID-19 dejó una huella significativa en la economía global. La inflación, la recesión y los altos intereses han creado un entorno de baja tolerancia al riesgo. En este contexto, las inversiones ESG han sido vistas como un lujo que muchos no pueden permitirse. Esto ha llevado a una reevaluación de las estrategias de inversión, donde la seguridad y la rentabilidad a corto plazo han ganado prioridad por sobre la inversión ESG.
La recesión económica y la alta inflación han afectado negativamente el apetito por la inversión con enfoque ESG. Sin embargo, este escenario también ha resaltado la importancia de las inversiones que generan un impacto material positivo, más allá del simple cumplimiento de los estándares ESG, esto como estrategia para la mitigación de riesgos sociales y ambientales .
Las movilizaciones sociales de los últimos años en Latinoamérica han demostrado la vulnerabilidad económica y social en varios países de la región, así como la interrelación entre el bienestar (o desencanto) social, y la continuidad de las actividades productivas privadas. En 2019 por ejemplo, Ecuador sufrió protestas que paralizaron la economía, generando pérdidas millonarias. En 2022, Colombia, Chile, Bolivia y Brasil enfrentaron situaciones similares, con costos económicos significativos:
| Costos económicos de las movilizaciones sociales en América Latina | ||
| País | Año de las protestas | Pérdidas estimadas (millones de USD) |
| Ecuador | 2019 | 821 |
| Colombia | 2021 | 3000 |
| Chile | 2019 | 3000 |
| Bolivia | 2019 | 1000 |
| Brasil | 2022 | Aún en evaluación |
¿Qué rol tiene el sector privado en la tutela de este balance? La estrecha y delicada relación entre el bienestar social, ambiental y económico, nos motiva a reconocer la interdependencia entre los diversos actores que componen el mercado y, en especial en América Latina, el necesario cuidado y monitoreo que requiere esta gestión para asegurar licencia para operar y la sostenibilidad del negocio.
La incapacidad actual de los Estados latinoamericanos para enfrentar solos estos desafíos resalta la importancia del sector privado. Las empresas pueden aprovechar esta crisis para convertirla en una oportunidad, capitalizando una buena gestión de impactos positivos. Esto no solo les permitirá generar confianza y credibilidad, sino también posicionarse como aliados del desarrollo, beneficiosos tanto para las personas como para el planeta.
En contraste con la hiperregulación, la voluntariedad en la incorporación de la sostenibilidad en los negocios está ganando terreno. Este enfoque permite a las empresas adaptar sus estrategias de sostenibilidad a sus contextos específicos, creando un nicho estratégico para el impacto material positivo.
El impacto material positivo se refiere a las acciones empresariales que generan beneficios tangibles y duraderos para la sociedad y el medio ambiente. A diferencia del enfoque tradicional de ESG, que a menudo se centra en evitar daños, el impacto positivo busca activamente crear valor y licencia para operar. Este enfoque de impacto positivo lo vemos puesto en práctica en la Alianza de Triple Impacto liderada por la AMCHAM Ecuador, en la que más de cien organizaciones y empresas de este país se han comprometido a usar el comercio como una fuerza para el bien. Para ello transitan del enfoque ESG al de incrementar el impacto positivo: todas miden sus impactos positivos, los gestionan bajo los mismos estándares internacionales y mejoran sus indicadores sociales priorizados, tanto individuales como colectivos. El objetivo de esta iniciativa al 2027 es: aportar desde el sector privado a la regeneración social del país a través de planes concertados, basados en data de impacto, que disminuyan la pobreza y dinamicen el empleo desde una visión integral, tomando en cuenta su impacto en las familias y comunidades de sus colaboradores. Se prevé la publicación del Primer Índice de Impacto Positivo Empresarial para 2025.
La medición y gestión de los impactos materiales positivos son elementos clave en la estrategia corporativa para lograr la licencia para operar, disminuir riesgos y mejorar el desempeño en el corto, mediano y largo plazo. Esto es especialmente relevante en América Latina, una región caracterizada por su inestabilidad social, proyecciones económicas desfavorables y falta de inversión en lo social. La gestión adecuada de los impactos positivos puede fortalecer la confianza y las credenciales de las empresas, posicionándose como aliados clave en el desarrollo sostenible de la región. Para ello existen herramientas gratuitas como la Evaluación de Impacto B (B Impact Assessment). Más de 150,000 empresas en todo el mundo utilizan esta herramienta para medir, gestionar y mejorar su desempeño positivo en áreas como el ambiente, la comunidad, los clientes, los proveedores, los empleados y los accionistas .
El movimiento de las Empresas B se ha posicionado como una respuesta viable a los desafíos presentados por los estándares ESG tradicionales. Las Empresas B Certificadas son aquellas que cumplen con los más altos estándares de desempeño social y ambiental, transparencia pública y responsabilidad legal, logrando un equilibrio entre propósito y ganancias. En iitos, creemos en este enfoque, por lo que mantenemos el estatus de Empresa B Certificada desde nuestra fundación.
| Empresas B Certificadas | |
| Elementos clave | Descripción |
| Impacto material positivo verificado y certificado | Las Empresas B Certificadas deben pasar por una rigurosa evaluación que mide su impacto positivo en áreas clave como gobernanza, trabajadores, comunidad, medio ambiente y clientes. Esta evaluación es llevada a cabo por B Lab, una organización sin fines de lucro que verifica y certifica el cumplimiento de estos estándares. |
| Gobernanza enfocada en los públicos de interés | Las Empresas B amplían su deber fiduciario a nivel estatutario para considerar los intereses de todos sus stakeholders, no solo los accionistas. Esto implica una reestructuración de sus estatutos para incorporar el bienestar de empleados, clientes, comunidad y medio ambiente en sus decisiones corporativas. |
| Transparencia y rendición de cuentas voluntaria | Las Empresas B Certificadas deben publicar un informe de impacto social y ambiental, permitiendo a los consumidores y otros stakeholders ver sus resultados y compararlos con otros. |
Conclusión: Una oportunidad para evolucionar la sostenibilidad
La crisis de los estándares ESG en los Estados Unidos, marcada por una creciente resistencia y desconfianza, y la hiperregulación en la Unión Europea, que ha sobrecargado a muchas empresas, han creado un entorno complejo para las compañías y los inversores. Sin embargo, en este desafío se encuentra una oportunidad única: la transición de los estándares ESG tradicionales hacia estándares de impacto positivo.
A diferencia de los estándares ESG convencionales, que a menudo se centran en mitigar impactos negativos y cumplir con regulaciones, los "estándares de impacto positivo" van más allá. Estos estándares buscan activamente generar beneficios tangibles y duraderos para la sociedad y el medio ambiente. No se trata solo de evitar daños, sino de crear un valor real y adicional para todos los stakeholders: empleados, clientes, comunidades y el entorno, sin comprometer la rentabilidad empresarial.
Las Empresas B Certificadas son un excelente ejemplo de cómo estos estándares pueden ser implementados con éxito. Estas empresas no solo cumplen con altos estándares de sostenibilidad y responsabilidad social, sino que también miden y certifican su impacto positivo en áreas clave como la gobernanza, el impacto en la comunidad, la sostenibilidad ambiental y el trato justo a los empleados. A diferencia de los estándares ESG que pueden enfocarse en evitar riesgos, los estándares de impacto positivo buscan oportunidades para crear un cambio significativo y medible. Esto incluye desde la implementación de prácticas laborales justas hasta la reducción proactiva de la huella de carbono, pasando por el apoyo a comunidades locales a través de programas de desarrollo social.
Este enfoque, además de ser más pragmático y adaptable a la realidad de los negocios, ofrece un camino viable para integrar la sostenibilidad de manera efectiva y rentable, utilizando los negocios como una fuerza para el bien. El movimiento B Corp, que agrupa a empresas comprometidas con este tipo de estándares, demuestra que es posible gestionar negocios con un enfoque en el impacto positivo, creando valor sostenible para todos los stakeholders y promoviendo un futuro más justo y equitativo.
Empresas como Patagonia y Natura Co. han demostrado que al adoptar estos estándares de impacto positivo, no solo han logrado superar desafíos económicos y sociales, sino que también han prosperado y se han posicionado como líderes en sus respectivos sectores. Estas compañías no solo sobreviven en tiempos difíciles; prosperan al convertir los desafíos en oportunidades, lo que subraya la resiliencia y la competitividad que ofrece un enfoque centrado en el impacto positivo.
En resumen, la clave para las empresas en el contexto actual radica en adoptar una visión holística y voluntaria de la sostenibilidad, centrada en generar beneficios duraderos para la sociedad y el medio ambiente. Este camino no solo contribuirá a un mundo más justo y equitativo, sino que también fortalecerá la resiliencia y la competitividad de las empresas a largo plazo, preparándolas para liderar en un mercado cada vez más exigente y consciente.

José Ignacio Morejón
ESG
Ago 20, 2024