La IA no es una apuesta por eficiencia —es un amplificador de lo que ya tenés
Este artículo se inspira en dos conversaciones que replantearon nuestra forma de entender la IA: el panel “Automation at Scale: Unlocking AI’s Full Potential” en el Kellogg Executive Leadership Forum (febrero 2026), con Tarek Elmasry de McKinsey, Eric Acher de Monashees y Anas Osman de Google Cloud; y la presentación de Shu Nyatta de Bicycle Capital en Caricaco Summit, donde planteó que, en un mundo impulsado por IA, la ventaja competitiva más duradera no es el modelo que utilizás, sino la infraestructura, los canales y las relaciones que ya tenés.
Hay una ironía interesante en el nombre del panel de Kellogg que detonó gran parte de esta reflexión: “Automation at Scale”.La automatización es real y es relevante. Pero si ese es el techo de tu ambición con IA, estás dejando sobre la mesa su valor más importante. Las empresas que van a definir la próxima década no son las que automatizan más rápido. Son las que reconocen lo que ya tienen y se hacen una pregunta distinta: ¿qué se vuelve posible ahora, que antes era simplemente imposible?
El activo sobre el que ya estás construido
La mayoría de las organizaciones consolidadas han pasado años muchas veces déca- das acumulando tres categorías de valor: infraestructura, canales y relaciones.
La infraestructura es la base: sistemas operativos, redes logísticas, conocimiento institucional, datos acumulados en cada transacción e interacción. Los canales son las rutas al mercado: aliados de distribución, equipos comerciales, puntos de contacto digitales, alcance construido con el tiempo. Y las relaciones son probablemente el activo más subestimado: la confianza, el contexto y la historia en cada vínculo con clientes, aliados y proveedores.
Una startup puede acceder a los mismos modelos de IA que vos. Lo que no puede hacer es replicar 15 años de datos de comportamiento de clientes, una marca con credibilidad regional o una red de distribución en cientos de ciudades.
Esa asimetría lo es todo. Y la IA es la herramienta que convierte ese potencial latente en una ventaja competitiva activa.
Como lo planteó Shu Nyatta en Caricaco Summit: Latinoamérica está “en construcción”. Eso no significa que esté atrás. Significa que las empresas con confianza y alcance ya establecidos tienen la materia prima para algo extraordinario, si deciden ver la IA como un acelerador y no como una amenaza.
De eficiencia a creación de mercados
La forma más clara de entender la diferencia entre automatización e innovación exponencial es esta: la automatización reduce costos en procesos existentes. La innovación exponencial crea mercados que antes no existían.
Mercado Libre es el caso más claro en la región. Durante años, millones de personas no tenían acceso a crédito formal, no por riesgo, sino por falta de datos. Mercado Libre sí tenía esos datos: décadas de comportamiento transaccional.
La IA transformó esa infraestructura en un motor de evaluación crediticia, permitiendo otorgar financiamiento a millones de usuarios que antes no calificaban. El resultado: una cartera de crédito que crece más de 50% anual y supera los miles de millones de dólares.
No optimizaron un proceso. Crearon un mercado.
Kavak hizo algo similar con el mercado de autos usados en México. Un mercado fragmentado, opaco y sin financiamiento fue reconstruido usando IA para resolver asimetrías de información: precios, calidad, riesgo.
No mejoraron el mercado. Lo construyeron desde cero.
Las relaciones como motor, no solo como activo
Uno de los casos más potentes a nivel global es Ping An.
Con más de 240 millones de clientes en seguros, Ping An tenía algo más que escala: tenía confianza y datos longitudinales. En lugar de usar IA solo para optimizar procesos, utilizó esa base para construir Good Doctor, una plataforma de salud que hoy atiende a más de 500 millones de usuarios.
En 2024, sus sistemas de IA gestionaron el 80% de las interacciones con clientes. Pero el punto no es la eficiencia.
El punto es que construyeron una empresa de salud a partir de una aseguradora. Ese es el patrón: las relaciones existentes como punto de partida para nuevos negocios, no solo para optimizar los actuales.
El efecto acumulativo
Hay una dinámica clave que suele subestimarse.
Cuando una organización implementa IA sobre datos y relaciones existentes, el sistema mejora con cada interacción. La ventaja competitiva no se reduce. Se amplifica.
Un nuevo competidor parte desde cero: sin contexto, sin historia, sin confianza. Una empresa establecida construye una capa de inteligencia que se profundiza todos los días. La narrativa común dice que la IA nivela el campo de juego. En la práctica, para quienes saben usarla, la IA amplifica las ventajas existentes.
El imperativo estratégico
El panel de Kellogg planteaba cómo desbloquear el potencial de la IA a escala. La respuesta no es acelerar la automatización. Es replantear la pregunta: Dejar de pensar qué puede automatizar la IA, y empezar a preguntarse qué permite construir por primera vez, usando lo que ya existe. La ventana está abierta. Empresas como MercadoLibre, Kavak y Ping An no lideraron por tener mejor IA, sino por conectar la IA con sus activos de forma estratégica.
El patrón se puede replicar. La oportunidad no. Para cualquier organización con infraestructura, canales y relaciones — especialmente en mercados que aún se están construyendo — la pregunta no es si adoptar IA. Es si la vas a usar para reducir costos, o para construir algo que antes no era posible. El motor ya existe. Los activos ya son tuyos. La única decisión pendiente es qué vas a construir.

iitos
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Abr 21, 2026